Es una corriente epistemológica que se propuso como
horizonte dialéctico hacia el cual miraron las anteriores, que sólo tenían una
reducción biologicista del sujeto de aprendizaje, con condimentos empiristas.
Primeramente el ser humano es humanidad. No aparece como por arte de magia,
según las visiones divinas del medioevo, sino que es “construido” por las
mismas relaciones humanas previas. La experiencia humana es un acertijo hacia
el futuro, pero su previalidad predice el mismo por proyectar una orientación,
una inclinación perceptible. Los conocimientos previos son eso. Sin embargo, el
constructivismo no niega el futuro incierto, ni se quiere apropiar del mismo.
Lo recibe sin improvisación ni vacío.
En consecuencia, según la posición constructivista, el
conocimiento no es una copia de la realidad, sino una construcción del ser
humano realizada fundamentalmente con los esquemas propios, es decir, con lo
construido en su relación con el medio. Esta construcción que elaboramos todos
los días, y en casi todos los contextos en los que se lleva a cabo nuestra
actividad, depende de dos aspectos: de la representación inicial que tengamos
ante la nueva información, y de la actividad, externa o interna, que
desarrollemos al respecto.

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